Se dice que el ser humano es animal de costumbre; siempre lo creyó así... siempre lo ha vivido así. A lo bueno no tiende a acostumbrarse, sino a lo malo, y peor aún, a lo malo tiende a aferrarse. Nadie le creería al decir que trata, quizás nadie entendería su voluntad doblegada al llanto. Hace tanto ya que fue esa niña la que solía revolotear por estos lados; siempre sonriendo, tan cálida y amable como sol de otoño, tan colorida como los brotes de primavera. Y el tiempo sólo vela por un rato, pues pronto olvida y entierra en el pasado. ¿¡Cómo diablos llegó a cambiar tanto!? ¿¡Cómo mierda pudo una flor marchitarse tanto!?. Hoy sólo existen penas y ojos cansados, hoy sólo hay una mujer tan fría como un amanecer del oscuro remanso. Ausencias eternas que queman en lo más profundo de su corazón atribulado. Recuerdos en grises y sepia que solían ser su bastión en un verde prado. Se vino todo abajo, se quebrantó esa alegría de antaño. Suelen oír sus oídos cuan linda es aquella mezquina sonrisa en su rostro; peticiones acumuladas como plegarias por ver esa estrella fugaz que combina tan bien con sus profundos ojos cafés, tan misteriosamente rutilantes. Pero también se acumulan reproches en su mente, en su piel y en sus brazos. Princesita de hielo que de princesa no tiene nada, sólo el hielo en su tiara. Piel de leche ajada como harapos viejos que de tanto uso se disuelven en el viento. Falta de ternura, inexistencia de amor al tacto... en fin, tantas cosas que en ella fueron, pero que quizás nunca más serán, pues el dolor persiste, y más aún su llanto amargo y salado.
sábado, 10 de diciembre de 2011
martes, 22 de noviembre de 2011
La superstición es mi escepticismo
Ya no sé si la vida es una acumulación de eventos ya sean estos afortunados o todo lo contrario, o si es sólo la directriz dada por un destino. Suelo hacer memoria del pasado, aquella insistencia mía de aferrarme a lo que fue, y recuerdo haber sido siempre una niña con un gran interés por lo misterioso, todas esas cosas fuera de lo que para la gente es común. Crecí, sin duda alguna, y mi escepticismo se fundió con un sarcasmo que tomé como lengua materna, pero todo aquello se fue en contra de las personas que de una u otra forma se cruzaban conmigo, sin embargo mi falta de fe jamás fue en contra de la superstición. Fui criada bajo el alero de cuentos y tradiciones populares, recuerdo siempre cómo me fascinaba oír aquellas historias, y bueno, depende mucho también de quien las relate ¡y vaya si que tenía un gran relator! Constantemente oigo voces que culpan a una suerte que no existe, a un evento que creen debe ocurrir por sí sólo, pero ¿cómo va iluminar una vela si jamás se le encendió fuego a su mecha? Y sí, soy de esas mujeres que le presta atención a las fases de la luna, que le da importancia a la dirección del viento, que nota algún cambio en el destello de las estrellas o que simplemente cree en lo que le dicen sus sueños. Pero no por ello deben tomarme por ingenua, pues es precisamente mi falta de confianza en la gente lo que me hace creer en todo aquello que escapa hermosamente de lo cotidiano. Es cierto, creo en un destino, pero no en ese algo predestinado, creo que el destino es el libro de una vida, con todas sus páginas en blanco, dispuesto a ser escrito con la propia pluma, con la propia tinta. Podría decir que muchos capítulos de mi libro han sido escritos con temor e inexperiencia, y los de hoy aún guardan algo de aquellos días, pero sin duda mi habilidad en las letras es distinta; mi pluma se ha endurecido y mi tinta se ha oscurecido. Y se cruzó alguien en mi destino, que a pesar de no mirarme con los ojos que yo lo miré, me hizo entender cuán equivocada estaba a pesar de mi propia convicción, pues sin darme cuenta me dejé llevar por la intriga de la masa que olvida su esencia, y me quedé sentada esperando a que algo bueno tocase a mi puerta. Olvidé mi orgullo de mujer solitaria, y por él lo intenté, traté de ganarme un poco de su tiempo, sólo un poco de su atención, pero no lo logré. Sin embargo hoy, cuando él aún sigue en mi pecho, pero yéndose poco a poco pues comprendí que debo dejarlo ir, comprendo que mi persistencia no estaba perdida, sólo estaba olvidada. No todo lo que se quiere se consigue... pero quizás duela menos no conseguir lo que se quiere, sin aliento por haberlo intentado. Y no es conformismo dar un paso al lado, no es falta de persistencia decir "ya no te buscaré", pues como dije ya una vez, sólo es un acto de sensatez para con mi sanidad mental, que es tan frágil como resiliente a las letras que escribo a diario con sonrisas, llantos y penas; esas letras que escriben mi libro, esas letras que conforman mi destino.
jueves, 10 de noviembre de 2011
De la boca para afuera
Las palabras dicen tanto, pero a veces tan poco. Pueden significar una vida entera, así como pueden ser el vacío que a veces la llena. Quizás siendo yo escritora, puede resultar una crítica un tanto ácida a las palabras, pero mi crítica no es hacia ellas (si se puede llamar a esto una crítica). Es decir, cómo podría atacarlas si son mi razón de ser. Consonantes y vocales que se unen para expresar la idea de algun interlocutor; todo definido por quien finalmente las pronuncia. ¿Y todo para transmitir qué? Un mensaje, una idea, un sentimiento; una identidad. Al fin y al cabo, una imagen que nos lleva de la mano día a día, diciendo "sí, esta soy yo". Pero... ¿¡quién diablos soy!?. Podría introducirme a quienes no me conocen diciendo tantas cosas, como por ejemplo que soy rara, que estoy medio loca, que tengo un carácter como el carajo. Sin embargo ¿lo soy?. La verdad, creo que no tiene relevancia alguna si encajo o no dentro de lo que la sociedad dicta como normal o extraño. No necesito llevar un cartel en mi pecho para decirle al mundo que soy diferente, que tengo convicciones y me esfuerzo a cada minuto por no pasarlas a llevar, pues eso sería un daño permanente a mi esencia. Simplemente me levanto cada día tratando de ser leal a mí misma, y no perdiendo el tiempo con esfuerzos vanos por ser una sensación alternativa, una rareza inalcanzable. No necesito hacer públicas mis rarezas o normalidades, ni mucho menos mis fortalezas o debilidades. Con los años, he aprendido que lo que realmente vale la pena, es lo que mi gente cree, piensa o sabe de mí. El resto, sinceramente me dejó de importar hace mucho tiempo. Y no es una actitud de rebelde al margen de la mayoría, mis palabras sólo son un acto de sensatez para con mi sanidad mental. Muchos aman juzgar al resto, pero nunca a sí mismos. No pretendo sentirme superior a quienes desean aparentar algo que dista de la realidad, ni mucho menos adjudicarme una madurez frente a la vida, que creo me faltan años luz para alcanzar. No me interesa negar que el sarcasmo se pasea por mis palabras, y a veces con franco descaro, pero no estoy juzgando, no estoy lanzando las piedras que me han lanzado a mí. Por el contrario, sólo estoy haciendo uso de mi libertad de expresión, nada más que un momento de catarsis, a veces reprimido y desgraciado. Si alguien se siente aludido, de verdad lo siento mucho, pero en pedir no hay engaño... y en decir no hay un "me retracto".
Y por último (siempre hay que finalizar un discurso), creo no equivocarme al afirmar que no dejaré de encontrarme con gente que vive pregonando lo que se quiere ser, pero lo que en el fondo no se es. Una sonrisa siempre acude a mi boca en aquellos momentos.
jueves, 3 de noviembre de 2011
Tourniquet...
Moment... vulnerable... most... my... is... this...
She's made of hair and bone and little teeth,
things I cannot speak.
She comes on like a crappled plaything,
spine is just a string.
I wrapped our love in all this foil,
silver-tight like spider legs.
I never wanted it to ever spoil,
but flies will lay their eggs.
Take your hatred out on me,
make your victim my head.
You never ever believed in me,
I am your tourniquet.
Prosthetic synthesis with butterfly,
sealed up with virgin stitch.
If it hurts, baby please tell me,
preserve the innocence.
I never wanted it to end like this,
but flies will lay their eggs.
Take your hatred out on me,
make your victim my head.
You never ever believed in me,
I am your tourniquet.
What I wanted,
what I needed,
what I got for me...
What I wanted,
what I needed,
what I got for me...
Take your hatred out on me,
make your victim my head,.
You never ever believed in me,
I am your tourniquet.
Take it out, take it out,
you're not fighting me,
I don't believe me!
I never ever believed in me,
I am your tourniquet.
She's made of hair and bone and little teeth,
things I cannot speak.
She comes on like a crappled plaything,
spine is just a string.
I wrapped our love in all this foil,
silver-tight like spider legs.
I never wanted it to ever spoil,
but flies will lay their eggs.
Take your hatred out on me,
make your victim my head.
You never ever believed in me,
I am your tourniquet.
Prosthetic synthesis with butterfly,
sealed up with virgin stitch.
If it hurts, baby please tell me,
preserve the innocence.
I never wanted it to end like this,
but flies will lay their eggs.
Take your hatred out on me,
make your victim my head.
You never ever believed in me,
I am your tourniquet.
What I wanted,
what I needed,
what I got for me...
What I wanted,
what I needed,
what I got for me...
Take your hatred out on me,
make your victim my head,.
You never ever believed in me,
I am your tourniquet.
Take it out, take it out,
you're not fighting me,
I don't believe me!
I never ever believed in me,
I am your tourniquet.
viernes, 19 de agosto de 2011
"Cuando yo no esté, no va a haber nadie que te haga cariño... "
Las palabras son sólo palabras, las palabras se las lleva el viento, las palabras son sólo aire en la nada, las palabras... las palabras son sentencias, son armas de doble filo. Y no las puedo quitar de mi cabeza, me retumban como las gotas de lluvia que mueren en la techumbre con sabor a olvido. Son como esquilas que tañen desde lejos, desde campanarios oscuros y ya viejos, rodeados de sepulcros fríos y hiedra engarzada en el mármol del suelo. Palabras que escarban en mi pena, en mi dolor inexpugnable sacando esa amargura infinita que tan dentro mío late como tormento eterno. Y es que no sé querer a nadie, pues mi corazón ya es de piedra, y mi alma delgada se rasga como tela roída y vieja. Todas las caricias dadas y recibidas, son nada más recuerdos que hoy sólo me huelen a naftalina. Cómo desterrar esta penumbra que se adentra en mis venas, oscureciéndome por dentro, llevándose mi sonrisa de luna llena. Esta soledad tan cruenta es dictamen de mi estúpida consciencia, y por favor perdonadme, pero no puedo regalarle a nadie esa peligrosa cercanía. Mi corazón de cristal ya está roto, y no tiene enmendadura alguna, ni caricias ni besos pueden liberarlo de esta dantesca locura. Es sólo dolor lo que me exprime la vida, no tengo ya fuerzas ni para quererme a mi misma. He vivido tantos años en mi propia dictadura, que por pura supervivencia me transformé en una perra sin corazón, me convertí en una arpía. Y por no saber querer a nadie es que me alimento cada mañana no de rocío mañanero, sino que de arrepentimientos salinos y arteros. Mi mente no deja de preguntarse cada día y cada noche dónde quedó la niña dulce de mi pasado, esa niña que sabía decir "te quiero". Cómo decirle al dolor "olvidadme traicionero", borrar heridas, y dejar de llorar sobre tanta leche derramada sobre mis faldas de muchachita de enero. De mi piel no emana afecto ni cariño, sólo rechazo y lejanía de tanto encierro. Si tan sólo supiesen cuánto me duele tanto la misma vida de tanto desamor propio y ajeno.
martes, 9 de agosto de 2011
Inconexa
Como polvo de cristal roto me entrego
casi sin voluntad al viento.
Soy barro en medio del pasto
ya no húmedo sino mojado.
En el suelo tirada como guijarros rotos
olvidados a un lado del camino.
Una noche insensata me acoge
con brazos de tímida lluvia.
Y con el frío que me cala más mi alma gastada
que mis huesos roídos por la amargura,
comienza este triste desvarío
en el que yo sólo te anhelo,
en el que yo sólo te ansío.
Mi orgullo se desvanece contigo,
¿qué poder ejerces sobre mí hombre rústico,
que me lanzo al más recóndito vacío?
Perdida por tu violenta calma,
redimida por tus ojos de infinita agua.
Noche de terciopelo tan cruenta y desalmada,
traes su presencia a mi regazo temeroso,
abriendo mis heridas aún no sanadas,
de puro dolor por silencio a mansalva.
Mi brújula ya no apunta al norte,
soy en la nada una veleta perdida,
que se esconde como ondina en el mar,
huyendo del corazón que le toca arrastrar.
No hay mal que el amor no cure,
ni hay cura para el mal de amor,
pero yo prefiero matar al perro,
pues así se acaba de una vez la rabia venérea,
aunque deba tomar el rol de perra sin corazón.
Las disculpas se resbalan de mis labios,
tan pálidos y lánguidos de ausencia,
como plantas sin agua, sol ni tierra.
Mis errores cada día más pesan sin clemencia,
y no soy capaz de remendar mi tormenta.
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